Escudo del Ayuntamiento de Villafranca y Vive Villafranca

Historia de Villafranca

De la Villa Romana a la actualidad. Descubre el pasado de Alesves y la evolución de nuestra villa a través de los siglos, desde sus orígenes agrícolas hasta el esplendor barroco y su dinamismo actual.

Mosaico romano de Villafranca con patrones geométricos entrelazados.

Orígenes Romanos: Un pasado de lujo

Los orígenes de Villafranca se remontan a una villa agrícola romana, habitada desde el siglo II d.C. que con el tiempo se va reformando, situada cerca de lo que hoy es el Camping Bardenas.

Si bien la existencia de restos romanos ya estaba documentada, fue gracias a las observaciones de Ana María Lacarra —quien había recogido cerámica y teselas en terrenos agrícolas y detectó el escaso crecimiento de cereales en zonas perfectamente delimitadas— que se pudo precisar la localización para una prospección. Esto le indujo a sugerir la posibilidad de restos a unos jóvenes del pueblo que realizaron materialmente el hallazgo. Al darse cuenta de la importancia del mismo, suspendieron sus trabajos y alertaron a las autoridades.

Esta acción condujo a las excavaciones de 1970, dirigidas por María Ángeles Mezquiriz, en las que se rescataron tres mosaicos de grandes dimensiones en un estado de conservación aceptable y numerosas muestras de cerámica hispánica tipo terra sigillata y grandes dolias (vasijas).

Estos valiosos hallazgos, catalogados por la Institución Príncipe de Viana, son hoy la principal evidencia de nuestra riqueza romana y se encuentran expuestos en el Museo de Navarra. Todo ello atestigua que debió tratarse por tanto de una villa agrícola posiblemente del siglo II, que se reforma y embellece a fines del III o IV, quizá con motivo de la instalación del propietario como vivienda permanente en el campo, fenómeno social característico de esta época.

La Fortaleza Medieval y el cambio de Alesves a Villafranca

El segundo y definitivo asentamiento aparece a partir del siglo XI. En el cerro donde hoy se sitúa el mirador del Castillo, se levantó una fortificación que evolucionó con el paso del tiempo, pasando a ser una torre o incluso un pequeño castillo, sirviendo de defensa a lo largo del tiempo, en los enfrentamientos entre navarros, árabes, castellanos y aragoneses. Con la conquista de Navarra por Castilla, en el siglo XVI, esta fortaleza fue derribada y, aprovechando parte de sus materiales, se construyó la basílica del Castellar.

Desde sus inicios, la villa fue citada con distintas variantes del término Alesués —Alasuas, Alasves, Alesos…—, que derivará en Alesves. A partir del siglo XIII, empieza a utilizarse la denominación de Villafranca, en referencia a los fueros y privilegios concedidos por Sancho VI el Sabio.

Al ser una "villa franca" (libre de ciertos impuestos y con derechos especiales y privilegios para quienes se asentaran en la localidad), estas concesiones reales fueron clave para atraer a nuevos pobladores. Así, el nombre de Villafranca empezó a ganar peso, alternándose con el de Alesves hasta imponerse definitivamente a partir del siglo XV, manteniéndose hasta la actualidad.

De esta época medieval heredamos el símbolo que aún hoy nos representa: el águila de nuestro escudo.

La Unión de Hidalgos y Francos

Durante la Edad Media, Villafranca estuvo habitada por dos grupos sociales bien diferenciados. Por un lado, los hidalgos, pertenecientes a la nobleza local y con mayor arraigo en la villa; por otro, los francos, población libre llegada atraída por los fueros y privilegios concedidos a la localidad, no necesariamente de origen francés, sino foráneo. Esta dualidad marcó durante siglos la organización social y religiosa del municipio.

En el siglo XIV, Villafranca vivió momentos de especial dificultad. En 1335 se produjo un episodio bélico conocido como el “día del sitio”, un asedio del que la villa logró salir indemne. Como expresión de agradecimiento, protección y cohesión colectiva, cada uno de estos grupos impulsó su propia cofradía religiosa: la del Castellar, vinculada a los hidalgos, y la de San Pedro y Santa Eufemia, ligada a los francos.

Pocos años después, la peste de 1348 supuso un durísimo golpe para la población, provocando una fuerte mortalidad y dejando numerosos enfermos y huérfanos. Ante esta situación, ambas cofradías ampliaron su función puramente religiosa y asumieron una importante labor asistencial, organizando la ayuda a los más vulnerables y dando origen al hospital de la villa, una institución que sostuvieron y mantuvieron a lo largo de los siglos y que se convirtió en uno de los primeros hospitales de Navarra.

Con el paso del tiempo, la convivencia entre hidalgos y francos se fue estrechando. A finales del siglo XV, ambos grupos se unificaron definitivamente como comunidad, y ya en época moderna sus cofradías acabarían fusionándose oficialmente, reforzando la unidad social, religiosa e institucional de Villafranca.

El Esplendor del Barroco (Siglos XVI-XVIII)

Si paseas hoy por nuestras calles, lo que verás es la huella de nuestra Edad de Oro. Entre los siglos XVI y XVIII, Villafranca adquiere su monumentalidad. Es la era del Barroco Navarro Ribero.

Se construyen mansiones, casas señoriales, el Convento y la Parroquia. El pueblo se expande desde el castillo hacia abajo, trazando las calles que hoy forman el casco histórico (Mesón, Muro, Barrio Verde...) y configurando poco a poco un urbanismo que se mantuvo casi intacto hasta finales del s. XIX: alrededor de ocho calles que emergen desde la zona antigua y que son atravesadas por varios cruceros (Crucero Ancho, Crucero Angosto y Crucero del Portal) y que serán delimitadas con el paso el ferrocarril.

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La Villafranca Moderna: Del ferrocarril a nuestros días

La llegada de la modernidad a Villafranca vino marcada por las comunicaciones. Durante la primera mitad del siglo XX, la expansión urbana dejó de mirar al castillo para girar en torno a las nuevas infraestructuras: la vía férrea y la construcción de la carretera.

A mediados de siglo, concretamente en la década de los 50, el urbanismo local sufrió un nuevo impulso con la creación —en dos fases— de las conocidas históricamente como "casas baratas". Este crecimiento ha configurado la Villafranca actual por la que hoy paseamos.

Villafranca Hoy: Un lugar dinámico para vivir

Hoy, Villafranca se proyecta como un lugar moderno y dinámico, impulsado por un tejido empresarial consolidado y una amplia agenda de actividades culturales y sociales. La mayor riqueza de nuestra villa reside en su gente y su vida social, destacando la gran cantidad de asociaciones y colectivos que mantienen viva la comunidad.

Un lugar donde la herencia de siglos se combina con la tranquilidad y la calidad de vida que ofrece la Ribera Navarra, convirtiendo a Villafranca en el sitio perfecto para vivir, disfrutar y echar raíces.