Basílica de la Virgen del Portal
El origen de esta basílica se remonta a la Edad Media, cuando en uno de los portales de entrada al pueblo se veneraba la imagen de una virgen. De ahí tomó su nombre: Virgen del Portal. Este emplazamiento refuerza su valor simbólico, al situarse en uno de los puntos históricos de acceso a la villa. La devoción popular hacia esta imagen —especialmente intensa en épocas de epidemias y calamidades, cuando se acudía a ella en busca de protección— impulsó, a comienzos del siglo XVII, la construcción de un templo en su honor. El edificio actual es el resultado de dos grandes fases constructivas: una primera capilla levantada en torno a 1611 y una importante ampliación barroca a finales del siglo XVII, cuando se incorporaron el crucero, la cabecera y nuevas capillas, configurando la basílica tal como hoy la conocemos.
Levantada en ladrillo macizo visto, presenta una fachada de gran sobriedad en la que destaca la puerta de arco de medio punto y la torre barroca, de un solo cuerpo octogonal, que se convierte en uno de los elementos más reconocibles del conjunto.
El interior sigue el esquema característico de las iglesias conventuales, con planta de cruz latina, nave única y crucero cubierto por cúpula sobre pechinas. Las bóvedas de medio cañón con lunetos y la abundante decoración de yeserías barrocas llenan el espacio de luz y movimiento.
Entre su patrimonio destacan lienzos barrocos y varios retablos rococós y neoclásicos. El mayor, de finales del siglo XVII, es un espléndido retablo barroco que preside el templo y da sentido a la devoción a la Virgen del Portal, una de las más queridas de la localidad.
Visitar la Basílica de la Virgen del Portal permite acercarse tanto a la historia de Villafranca como a su tradición religiosa, en un espacio donde fe y arte barroco se dan la mano.